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Mitos y Leyendas de un grupo de Espeleo llamado Caminos

Artículo rescatado del la revista digital del Club de Espeleología Científica de Caminos, del 3 de Octubre de 2003. Nº 3

En un principio todo era la nada, hasta que alguien encendió el carburo y empezó...

Entre tema y tema se me ocurrió contar alguna de las batallitas del grupo en sus inicios, realmente en los inicios cercanos porque existen referencias bibliográficas de que el grupo de espéleo de caminos o algo similar, exploró el Reguerillo quitando el tapón de arcilla que tenía el tubo. Supongo que en colaboración con el grupo universitario de Montaña y Espeleológia de la Politécnica de Madrid.

Esa gente desapareció de la Escuela, aunque siguió metiéndose en cuevas y de cierta importancia. Recuerdo vagamente comentarios de D. Clemente Saenz “ex. Catedrático de Geología” sobre un encuentro con uno de ellos de cuyo nombre no me acuerdo, pero pasó por la Escuela a visitarnos: “Estaba yo en el norte de África visitando [...] cuando a lo lejos vi a un occidental sobre un mulo que se movió por esos terrenos desérticos. Cuando se acercó, resultó ser [...] que iba a explorar la cueva de [...] situada en los alrededores”.


Pero el grupo actual comenzó hace doce o trece años a instancias de D. Clemente y bajo tutela de José María Herrero, más conocido como Indy. Al principio hubo avalancha de estudiantes pensando que serían puntos positivos para aprobar la asignatura. Pero al no ser así, se quedaron los que de verdad les gustaba la espéleo (estamos hablando de gente de Caminos, así las actividades dependían totalmente de la larga etapa de exámenes).


La primera visita de la que tengo constancia fue al cañón de Río Lobos, donde creo que se visitó la cueva de la Galiana baja, hoy cerrada y con visitas guiadas. En esta salida se realizaron numerosos ejercicios con el primer material comprado por el grupo: una parrilla y un porrón de cristal.


La incursión en el mundo de las cuevas verticales, por no decir simas, empezó con el curso que realizo Emilio en el GET. Al día siguiente le pillaron los monitores del GET, explicando lo que había aprendido el resto de gente de Caminos en un rocódromo.


La primera sima pudiera haber sido la del Fraile, en Cifuentes. Un pozo de 40 metros, rampa y pozo de 10 metros. En el primer pozo faltó cuerda por lo que se empalmó con otra con un paso de nudo, las indicaciones de cómo pasarlo se iban dando desde la boca de la sima al ir leyendo el libro de espeleología vertical. Siguió faltando cuerda y se tuvo que añadir una escala. Ni idea de qué llevarían de cuerdas. Al final se llegó a la repisa intermedia, destrepando un tramo.

 
En estas fechas se realizó la salida al Tornero donde se tuvo el primer incidente. Indy no desayunó y apenas comió. Resultado, soponcio en medio del páramo en la salida. Se avisó a la Guardia Civil que se puso en marcha, pero después de que hubiera llegado la hora reglamentaria para despertarse, porque el que estaba de guardia “no iba a despertar a su mando para eso”. Ver para creer. Por suerte el resto de contactos que he tenido con la Guardia Civil han sido infinitamente mejores.


La “campaña” de verano se hizo en Pirineos. Un viaje montado por Indy que acabó en desesperación. La única reseña espeleológica que tengo es el intento por parte de Indy de bajar un pozo de 80m. con una escala de 10m.


Poco después entré yo, que con mis 11 años bajo tierra también aporté historias al grupo. Mi primera cueva fue un sábado y como no, el Reguerillo. Me acuerdo de lo del sábado porque el lunes tenia examen de Geología. Después de la cueva no pude dormir, no entendía como podía tener la sensación de seguir llevando el casco en mi cama y mirara donde mirara siempre había una gatera minúscula donde habría que pasar. 


Mientras que yo chupaba rocódromo, se hizo Manuel Mozo, donde sé que uno del grupo en la cabecera del pozo de 90m le falló algo y llego más rápido de lo que quería al final del fraccionamiento. Inmediatamente cambio los aparatos y se salió.


La primera sima fue la espina clavada en el grupo. El Fraile, esta vez el pozo se hizo de un tirón. Se llegó hasta abajo, para visitar a un sapo que había caído y como en la famosa repisa se tuvo que purgar (ojo al tiempo que nos llevó) se cayó un depósito del carburero y hubo que bajar de nuevo a recogerlo. Me bajé toda la sima con el pato al revés.


Mi primera instalación fue el paso de la Vira de la Araña en Covafresca, tardé su tiempo pero no hubo incidentes. A parte del accidente a la salida del Tornero, sólo hemos tenido uno, en el Reguerillo. Íbamos Emilio, su hermano, mi hermano y yo. Después de una visita completa: sala del Yeso, Directísima, Laberinto y Claustrofobia, nos fiamos de una cuerda fija que todavía desgastó más a mi hermano, al comenzar a bajar a pulso y con los brazos a la altura del hombro, lo siguiente que hizo fue dejarse colgar y la cuerda se llevó un tirón que de milagro consiguió aguantar. Pero Miguel Angel pesaba más y se rompió en la parte alta del pozo, 10m, volteó a la mitad y acabó de cabeza sobre mi pierna (menos mal). Terminó con los huesos del brazo salidos de su posición.

Probamos la salida por el Tornillo, pero para él era imposible. Avisamos a los Civiles y movilizamos a unas 30 personas con 19 coches y el helicóptero no salió porque había niebla.


Otra batallita fue en las Majadillas, cuando a uno de mis maestros en la espéleo, Alfonso, se le encajó el carburero en un grieta en el paso del Chumino. Es un chaval grande, que NO gordo, pues estaba muy fuerte y yo podría parecer su corbata. Adolfo se quedó al otro lado y debió pasar tal angustia que una vez superado el problema le adelantó y eso que la gatera es larga y estrecha, pero le adelanto.


Un claro ejemplo de que estaba fuerte fue que estando en Urbión metiéndonos en agujeros que encontrábamos, a Jesús se le vino encima una piedra de un poco menos de medio metro por cada lado. Estuvimos tirando todos para sacarla porque aunque no le pillaba no le dejaba salir y en cuanto llegó Alfonso, se solucionó el problema.

La parte de científica del nombre del grupo por desgracia se ha quedado en una subida a los montes de Urbión, guiada por un profesor de la Escuela, Eugenio Sanz, y una topografía de dos pequeñas simas en la misma presa de Algar de Palancia, en Valencia.


Como leyenda quedará la media hora con la que nos hemos cruzado el Reguerillo en dos gymkhanas, el primer puesto en la del año 2002, los poco más de 15 minutos de subida en el Carlista de alguno, y 1 hora y media de otros, el relato de Cueto-Coventosa de Julio, la falta de aire en el ramal final de la cueva del Asno, bajada tipo “Ewooks” desde Cañuela, la tirolina que saltó y caí sobre clavos ardiendo desde 20m de altura, las interminables comidas con Ricardo dentro de la cueva y las incontables salas, formaciones, meandros y pozos que se han recorrido.


Tendré que parar porque uno se pone nostálgico al ver cómo se ha ido yendo gente del grupo por motivos ajenos a la espéleo o al compañerismo. Espeleólogos con los cuales has compartido algo que el resto de los mortales no llegaran jamás a sentir. Podrán verlo en una foto pero jamás se les pondrá el vello de punta, podrán oírlo pero nunca con ese silencio ensordecedor que te rodea. Y no solo dentro de la cueva, sino también los recuerdos del antes y después de una cueva. Todo esto une y hace que cuando había mucha gente de Caminos dentro del grupo, fuera de las pocas asociaciones que comieran juntos y se prestaban libros y apuntes con gran facilidad, por eso se pone uno nostálgico (ahora hay menos gente de la Escuela y no lo hace ni peor ni mejor, sino distinto. Mas experiencias, más puntos de vista).

Aunque Sergio, la maquinaria de Obra Civil es mejor, y si después de leer esto piensas que me he pasado en lo dramático prueba a leerlo en una sala con excéntricas a la que has llegado desde un pozo negro.

(Mis maestros y gurús de la espeleo podrán matizar mejor estas batallas, pero así han quedado en mi memoria).

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